EL ANIMA DE SAYULA, JALISCO, MEXICO


EL POEMA

EL ÁNIMA DE SAYULA 


Es del poeta jalisciense decimonónico Teófilo Pedroza. Es tambien, una ópera en un acto musicalizado por el compositor Gabriel de Dios Figueroa. La Localidad de Sayula está situado en el Municipio de Sayula (en el Estado de Jalisco). Tiene 27 mil.311 Habitantes. Sayula está a 1 mil 360 metros de altitud sobre el nivel del mar-. En este pueblo Nació Juan Rulfo.


Los versos del Ánima de Sayula fueron escritos hacia el año de 1871 por don Teófilo Pedroza, considerado el padre de la picardía mexicana.
Y cuentan la historia de un pordiosero -le llaman "ropavejero- de nombre Apolonio Aguilar, quien al no resistir el hambre y pobreza en la que vivía, le dice a su esposa que negociará con el ánima que se aparece en el panteón y que ofrece talegas de oro, pero tal parece que el susto que le viene no es tanto por el espanto de ver un ánima, sino por la propuesta indecorosa que le hace dicha ánima al pobre de Apolonio.

En un caserón ruinoso

De Sayula en el lugar,

Vive Apolonio Aguilar

Trapero de profesión.



Hace tiempo que padece

Hambre voraz y canina

Y por eso está que trina

Contra su suerte fatal.



No es borracho, ni juega

Solo comer es su vicio

Pero anda mal del oficio

Ni para comer le da.



Cuatro tablas, dos petates

Un bacín roto de barro;
Cuatro cazuelas y un jarro
Son de su casa el ajuar.

Su mujer y sus hijuelos
Macilentos y hambreados
Con semblantes extraviados
Piden pan con triste voz

Pan allí ni por asomo;
Hambre sí, disgustos mil
En aquel chiribitil,
A pasto y a discreción.

Llanto solo de miseria
Que goteando noche y día
Apagó dejando fría
La ceniza del hogar.

Por eso el trapero esconde
Entre sus manos la cara;
Maldice su suerte avara
Que le causa aquel dolor.

Y fijando en su consorte
Su penetrante mirada
Con voz grave y levantada
De esta manera le habló:

"Es preciso que ya cese
Esta situación terrible;
Vivir así no es posible,
Harto estoy de padecer.

Me ocurre feliz idea,
Que desde luego te explico;
Esta noche me hago rico
O perezco en la función.

Escucha y no me repliques
Mi suerte está decidida.
El porvenir de mi vida
Depende de esta ocasión.

Tú sabes que en esta tierra
Entre la gente de seso
Se cuenta cierto suceso
Que ha causado sensación.

Se dice, pues, que de noche
Al sonar las doce en punto
Sale ha penar un difunto
Por las puertas del Panteón.

Que las gentes que lo ven
Huyen a carrera abierta
Y todos cierran la puerta
Encomendándose a Dios.

Que por fin un desalmado
Se encaró ya con el muerto;
Mas de terror quedó yerto,
Patitieso y sin hablar. 

Esto lo aseguran todos
Y mi compadre José
Me ha jurado por su fe
Que también al muerto vió.

Y me asegura que el muerto
Tiene la plata enterrada
Y busca gente templada
Con quien poderse arreglar.

Pues bien, me siento con bríos
para hablarle al mismo diablo,
A ese muerto yo le hablo
Aunque me muera después.

Mucho peor es morir de hambre
Que morir de puro miedo
Y si yo con vida quedo
Seremos ricos después.

"Por Dios! Apolonio" dijo,
Su mujer muy afligida:
-No juegues así la vida
Deja a los muertos en paz.

"No mujer, no retrocedo,
Es una cosa resuelta;
Si pronto no doy la vuelta
Prepara mi funeral".

Dijo y con paso veloz
Pálido como un difunto,
Salió de su casa al punto,
Camino para el Panteón.


Envuelto en tinieblas yace,
De Sayula el caserío
Y un aspecto muy sombrío
Allí reina por doquier.

No se oye voz humana
Ni el más ligero ruido,
Solo lejos el aullido
Pavoroso de algún can.

Algún pájaro que cruza
En las tinieblas perdido
Lanza fúnebre graznido

Al ir de su nido en pos.
Y al extinguirse perdido
Que al corazón pone susto,
Canta el tecolote adusto

En el ruinoso torreón.
Negro toldo cubre el cielo,
Y al soplo del viento frío
Gimen los sauces del río
Con quejumbroso rumor.

Lúgubre la noche está
Y en su fondo Pavoroso
Brota a veces luminoso
Un relámpago fugaz

La silueta del trapero
Que a la ventura de Dios;
Va de la fortuna en pos
Hasta vencer o morir

Mas a medida que avanza
Su valor se debilita
Y es dueño de honda cuita
Su angustiado corazón.

Avanza pues presuroso
Aquel hombre de faz yerta,
Y al fin se mira en la puerta
Del tenebroso panteón.

Allí con mortal congoja,
La hora fatal aguarda;
Hora que tal vez no tarda
En sonar en el reloj.

Por fin de repente suenan
Doce lentas campanadas,
Cuyas notas compasadas,
Vibran con sordo rumor.

Notas lentas y solemnes
Cuyo sonido retumba
Como el eco de una tumba
Con quejumbroso rumor

Por fin a esperar se pone
Y sin grande dilación
Las puertas de aquel panteón
Se abren de par un par. 

Cruza el dintel el fantasma
Mudo, rígido y sombrío
Como el sepulcro frío
Y horrible aborto de horror.

Lleva cubierta la faz
con negro y tupido velo
Y arrastrando por el suelo
Lleva también el sudario.

Aguilar, de espanto yerto
Y erizado su cabello
Con agitado resuello,
Corre tras de la visión.

Y haciendo un supremo esfuerzo
Cual si jugara la vida
Con voz despavorida
De esta manera le hablo:

"De parte de Dios te pido
Me digas cómo te llamas
Si penas entre las llamas
O vives aquí entre nos.

Qué buscas por estos sitios
Donde a los vivos espantas?
Si tienes talegas cuántas
Me podrías proporcionar?"

-"Me llamo Perico Zúrrez
Dijo el fantasma en secreto,
Fuí en la tierra buen sujeto
Muy puto mientras viví,

Ando ahora penando aquí
En busca de algún profano
Que con la fuerza del ano
Me arremangue el mirasol.

El favor que yo te pido
Es un favor muy sencillo,
Que me prestes el fundillo
Tras del que ando tiempo

Las talegas que tu buscas
Aquí te las traigo colgando,
Ya te las iré arrimando
A las puertas del fogón.

Lleno de sorpresa quedó
El pobrecito trapero
Y echando al suelo el sombrero,
El infeliz exclamó

-"Por vida del Rey Clarión
Y de la madre de Gestas
Qué chingaderas son estas,
Que me suceden a mi?

Yo no se lo que me pasa.
Pues ignoro con quien hablo,
Este cabrón es el diablo
O mi compadre José.

Buena fortuna me hallé
En esta tierra de brutos,
Donde los muertos son putos
Que garantías tengo yo?

Lo que me suceda a mí
Es para perder el seso;
Si los muertos piden tieso
Los vivos que pedir tambien acuden

Venir de lejanas tierras
A buscar aquí la vida
Y mi suerte maldecida
Me depara un trance atroz.

No tener yo más alhaja
Que la alhaja del fundillo
Y me la pide este pillo
Que dice que ya murió.


Esto es cuanto puede verse
Por las crestas del Demonio
Si lo aflojas Apolonio
De aquí sin culo te vas.

Así el trapero exclamó
Muy pensativo y mohíno
Del pueblo tomó el camino
Y en sus calles se perdió.

Y es fama que cuando oye
Que hablan del aparecido
Receloso y confundido
Se pone una mano atrás. 

Lector, si en alguna ocasión,
Y por artes del demonio,
Te vieras como Apolonio?
En crítica situación.

Si tropezaras acaso,
Con un ánima en pena,
Aunque te diga que es buena,
No te confíes jamás.

Y en vías de precaución,
Llévate como buen cristiano
La cruz bendita en la mano,
Y en el fundillo un tapón.

MORALEJA
Si eres pobre, confórmate y se bueno,
Si eres rico, no lo andes presumiendo
Y a todos los que te pidan prestado 
Diles que sí…….pero no les digas cuando.

EL ALMA de SAYULA

Es un relato en verso tradicional que data del siglo XIX de la región sur de Jalisco, concretamente "Sayula", cuya autoría es de Teófilo Pedroza. El relato narra la historia de Don Apolonio Aguilar, trapero de profesión, quien por una broma de un compadre -y a falta de dinero- es inducido a buscar un anima que se dice aparece por las noches en el panteón y que le conducirá a encontrar dinero; sin embargo para hacer trato con él, a cambio, el vivo deberá, vulgarmente, de darle el "culo", ya que el muerto - se mofa el mismo- en vida fue muy, muy "puto".


En realidad dichos versos son la historia de dos compadres en el que uno de ellos hace tal broma, dada la imperancia del otro por su necesidad -única y exclusivamente- por el simple deleite que proporciona la broma misma; o sea, el morirse de risa.